De odiar a las mujeres a feminista. Una historia de amor.

Cada vez que recuerdo cómo yo era a los trece o catorce años se me retuercen las tripas. Les explicaré por qué, para que entiendan la razón de este sentimiento, pero más importante aún, para que vean lo que ha sido el feminismo para mí los últimos dos o tres años.

Hace siete años yo tenía casi 14 años. Era una Laura más tímida, muchísimo más cerrada a ciertas cosas y con una característica elemental: odiaba todo lo que representara la feminidad. Si bien mis amistades eran en su mayoría mujeres, me producía fastidio que me asociaran con lo que, en su momento, creía que era ser mujer. Decía sin una pizca de remordimiento que no quería a las mujeres por chismosas, por dramáticas y por complicadas. No confiaba del todo en ellas (nosotras) y aunque, paradójicamente no me molestaba ser mujer, me esforzaba por no encajar en ese molde femenino que me habían vendido.

No obstante, exigía que no nos subestimaran, que no nos trataran como meros objetos y que ante todo, nos respetaran. Cuando cumplí 16 maduré un poco más; ya no vivía en esta lucha constante con las demás mujeres del planeta (incluida yo). Y aunque seguía creyendo que éramos chismosas, falsas y demás, era algo con lo que intentaba vivir.

¿Cómo explicarían esta contradicción? ¿Cómo entender que, aunque no me molestaba ser mujer e intentaba abogar por mis derechos, el que me encasillaran en el “molde femenino” me producía tanta exasperación? No tuve la respuesta sino hasta que, a mis dieciocho años y en mi tercer semestre en la universidad, empecé a familiarizarme con la palabra feminista.

He de admitir que fui de esas personas que, en medio de su ignorancia, satanizó al feminismo. Para mí las feministas eran un grupo de mujeres locas y radicales. Cuánto tiempo perdí solo porque me dejé llevar por imaginarios sin sentido. Pero acá estamos. Hoy más que nunca me siento orgullosa de decir que soy feminista. Me falta muchísimo que aprender y entender, sin embargo, más que una desventaja, me parece valiosisimo tener claro que ser feminista es un proyecto en construcción.

Sobre la contradicción que mencioné arriba, entendí que nunca lo fue. Yo no odiaba a las mujeres. Odiaba el estereotipo absurdo que esta sociedad machista y heteropatriarcal nos ha vendido la vida entera. No somos ni locas, ni dramáticas, ni chismosas ni nada. Mi lucha nunca fue contra ellas, sino contra un imaginario que nos metieron hasta las entrañas, al punto tal que aún hay muchas mujeres que siguen creyendo que entre nosotras no debemos apoyarnos.

De ahí que lo que más le agradezco al feminismo es que me ayudó a reconciliarme no sólo conmigo misma, sino con el resto de mujeres. Perdón, mil veces perdón por haber sido tan machista. Luego de este proceso, empecé a valorar más mi feminidad. Por fin entendí que ser femenina no es algo inherente al género con el que me identifico, ni mucho menos es algo malo. Ahora la abrazo y la exploto como quiero. Pese a que sigo siendo una mujer increíblemente insegura, el feminismo me ha hecho empezar a apreciar partes de mí que odiaba. Además, me ha hecho más consciente de los privilegios que tengo y de cómo éstos configuran los problemas que como mujer puedo tener o no. Aún me falta muchísimo camino por recorrer, pero sin éste, dudo mucho que la mujer que soy hoy siquiera exista.

El feminismo es una lucha por la igualdad. Es un movimiento de resistencia que ha cambiado la vida de las mujeres tanto a nivel colectivo como a una escala personal. Éste aboga porque cada mujer sea libre de tomar sus decisiones y porque dejemos de darnos tanto palo entre nosotras. No obstante, creer que lucha se agota acá es quedarse cortx. No se trata únicamente de decirnos que entre chicas debemos ser amiguis y amarnos la vida entera. Claro que debemos hacerlo, pero esto es en vano si no empezamos a deconstruir y a eliminar las estructuras heteropatriarcales que subyacen nuestras relaciones y por ende, nuestros problemas.

En este momento me gustaría tener a mi yo de catorce años al frente. De esta forma me diría que basta de tanto odio. Me diría una y otra vez que las mujeres somos más que lo que nos habían vendido. Que yo no tenía que cumplir con ninguna expectativa más allá de las propias. Me daría un abrazo y me diría: te perdono por todo, ya aprenderás; conocerás al feminismo y tu vida cambiará.

Mujeres con pene y hombres con vagina: sí se puede

Hace un tiempo me encontré un canal de Youtube de una chica trans. Unos meses después de haberla empezado a seguir, se hizo una rinoplastia. Me sorprendí (¡y qué sorpresa!) a mí misma pensando “oh, qué linda; cada vez tiene rasgos más finos, como los de una de mujer”. A simple vista no hay nada de malo en mi reacción, sin embargo, detrás de aquel pensamiento hay rezagos profundos y casi invisibles del discurso de género normativo que impera en esta sociedad. ¿Por qué? Pensar de esa forma es creer que ella cada vez es más mujer y que ya no es tan diferente a mí (mujer cis). Y si nos podemos violentos, hasta podría decirse que se estaba convirtiendo en una mujer “normal” y ¡hurra! por eso. ¿Pero y quién soy yo para decir qué es ser más mujer? Es más, díganme ustedes, ¿qué es ser mujer? ¿qué es ser una mujer natural?

Estuve leyendo un texto de Miquel Missé, hombre trans, cuyo objetivo principal es denunciar cómo los discursos de la transexualidad como patología y el papel de la medicina al diagnosticarla como tal hasta hace un par de años, han condicionado la vida de las personas transexuales. Actualmente, la disforia de género es clasificada como una enfermedad. A su vez, el autor argumenta que dicho discurso refuerza la idea de que lo que está mal no es la sociedad y cómo ésta ha dictaminado la forma de leer a las personas, sino los cuerpos “equivocados” de quienes se identifican con el género opuesto al sexo que les fue asignado. ¿Traducción? Si te identificas como mujer pero tienes pene, lo que toca hacer es arreglarte, corregir el cuerpo que tienes en vez de enseñarle a la sociedad que pueden existir mujeres con pene y hombres con vagina. Obviamente mientras lo leía no hice sino pensar en mi reacción frente a los cambios corporales que esta youtuber documentaba en su canal. Yo, consciente del discurso que nos han echado la vida entera, aún reproduzco sin darme cuenta el pensamiento de que entre más te esfuerces en hacer de tu cuerpo lo que la sociedad te dice que debe ser, mejor. Ese que nos dice que quien nace con el cuerpo erróneo debe normalizarlo a toda costa.

Claro que Missé no hace una crítica a las personas trans que deciden cambiar su cuerpo, someterse a distintos tratamientos y pasar por el quirófano para una reasignación de su sexo. Él hace énfasis en el problema macro: no hay nada de malo en que tú decidas operarte, lo que está terriblemente mal es que se trate como enfermos a la gente trans, y se venda el discurso de que la única cura que hay para tu desorden es acomodar tu cuerpo a lo que es normal. Al final no hacen sino repetir incansablemente que lo natural es que las mujeres sean femeninas y tengan genitales de hembra y que los hombres, el opuesto complementario de las primeras, deben tener pene, ¡obvio! Después de todo, seguimos viviendo en un mundo en el que las únicas posibilidades son ser mujer u hombre “normales”; si no eres alguno de los dos estás fuera de lo normal y te jodiste.

Ante esto, la pregunta a responder es si lo que está mal es el cuerpo de las personas trans (pues el problema se ha centrado únicamente en este aspecto) y no la manera en la que la sociedad ha enfrentado este hecho. Claramente, como ya les dije,  la contradicción principal es la forma equivoca como nos han enseñado a interpretar a los cuerpos que no responden a la norma. “Lo que es problemático no es la persona transexual sino la sociedad en la cual vive; una sociedad que no puede encajar esta identidad y que solo valida el rol de género masculino en personas nacidas con cuerpo de hombre y el rol de género femenino en personas nacidas con cuerpo de mujer”, es lo que escribe Miquel Missé. Por esta razón no resulta extraño (y Miquel lo denuncia constantemente) que la comunidad médica, más que ayudar enteramente a las personas trans, se ha comportado como un vigilante del género. De ahí que muchos y muchas trans deban demostrar que se identifican como el género opuesto a su sexo. ¿Y cómo lo hacen? Reproduciendo estereotipos tradicionales (y sexistas). El autor cuenta, por ejemplo, como una amiga trans que normalmente usa jeans y sacos (como muchas mujeres cis lo hacemos) se maquillaba y usaba vestidos cuando tenía consultas con el psiquiatra, de forma que pudiera demostrarle que se identificaba como mujer. Adicionalmente, dicho discurso cierra toda posibilidad de que haya trans que simple y sencillamente no quieren someterse a ninguna operación porque pueden vivir bien con el cuerpo que tienen. Pero claro, por supuesto que eso no es posible para la sociedad: no existen los hombres con vagina. No existen cuerpos diferentes.

“La existencia de personas trans en nuestro entorno nos recuerda constantemente que vivimos en este sistema dicotómico con dos únicas identidades de género consideradas válidas y legítimas: hombre y mujer”, comenta Missé.

Miquel Missé, sociólogo y activista trans.

Yo, al igual que el autor del texto que les menciono, no estoy en contra de las personas trans que deciden operarse para “normalizar” su cuerpo. Tienen derecho a hacer todo lo que puedan para sentirse en la carne en la que se identifican. Tengo la suerte de haber nacido en un cuerpo que quiero como mío, y sueño con un mundo en el que todos y todas podamos tener la satisfacción de levantarnos cada mañana y ver en el espejo lo que realmente somos. Sin embargo, la reflexión que muchos teóricos y estudiosos del género, movimientos trans, feministas, queer, etcétera, nos dejan es ¿cómo sería vivir en una sociedad sin género o al menos, un género fluido, sin opuestos ni complementarios? No tendríamos problema alguno con encontrarnos con cuerpos distintos, con trans que no reasignan su sexo. Nadie sería más mujer que fulana ni menos hombre que sutano. Sin categorías ni jerarquizaciones este sería un lugar más feliz. Seguro que sí.

@lautomar

¡Indulgencias, Shopping y MakeUp!!

Caminando por una de las calles de mi amada y fancy Bogotá, encontré un lugar que definitivamente grita mi nombre, y con seguridad el de muchas. A mi, que soy amante y defensora de los labios rojos me enganchó un lipstick gigante que adorna una de sus vitrinas y por él decidí entrar. Se trata de la tienda de belleza Blush-Bar, un espacio en clave rosa creado por y para mujeres, es un verdadero templo del makeup y la indulgencia.

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La experiencia desde el comienzo es ganadora pues puedo elegir cómo interactuar en el sitio. Un perchero me recibe con dos bolsas de shopping: la negra o la rosa, que se convierten en códigos para que las Makeup Artist sepan si quiero que me orienten o si quiero andar sola por la tienda, lo cual me parece genial pues muchas veces me agobia la excesiva cercanía del personal a cargo en las tiendas, que se transforma en invasibidad.

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Me encantó del lugar entre otras cosas, ese espíritu de empoderamiento femenino que tiene, es una invitación permanente a consentirnos, a creer que somos únicas y a pesar de ser un lugar que vende productos de belleza, a no olvidar la autenticidad, a convencernos que somos bellas y como dice su lema a creer que “la belleza comienza en el momento que decides ser tu misma” . Eso fue lo que mas me gustó de Blush-Bar, y el origen de esta sensación se entiende al hablar con la creadora de esta idea, Claudia Lloreda, una experta y amante de la belleza. Me contó su experiencia y su pasión por el universo femenino, lleva muchos años trabajando en la industria con marcas como The Estée Lauder y Clinique, y por eso conoce perfectamente lo que nos hace felices, lo que queremos saber y lo que nos da comodidad.

11Claudia Lloreda, Creadora de este fantástico emprendimiento.

Mi recorrido inició con un mural de frases divertidas que nos identifican a todas, Blush-Bar exalta a la mujer pero sin caer en feminismo extremo, es un espacio para sentirnos bien.

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Está dividido en diferentes zonas, el área de los Top 10, donde nos recomiendan los productos best sellers recomendados por la casa; además cuenta con tres lavamanos inspirados en el Hotel Plaza de Nueva York que permiten probar productos de spa, cuidado facial y rutinas diarias de limpieza; hay también una mesa comunal destinada para compartir entre amigas el best seller preferido, e islas con productos de belleza y accesorios tanto de las marcas que amamos como Clinique, Lancome, Smashbox, NYX ó Burt´s Bees, y creaciones propias de la casa Blush-Bar.

18Zona de recomendados TOP 10. ¡Sugerencias ganadoras todas!

17Zona de lavamanos

14Zona de las diferentes marcas aliadas a Blush-Bar.

Como todo bar, Blush-Bar tiene un menú donde se encuentran todos sus servicios, gratuitos, personalizados y su carta de productos. Es maravilloso pues además de ofrecer marcas exclusivas, cuentan con accesorios y complementos de makeup a precios cómodos, lo mejor es poder tener a mano tutoriales express a cargo de las expertas en maquillaje, cuidado facial y asesoría de regalos, que están siempre pendientes de garantizar perfección en la visita.

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Cada detalle está bien pensado, una de mis áreas favoritas es la zona de maquillaje, que tiene un espejo de camerino, con iluminación perfecta que permite probar los diferentes servicios del menú, recibir tutoriales y clases de maquillaje en grupo o individuales y rutinas diarias de cuidado facial, en fin, una experiencia completa para resaltar nuestra belleza y convertirnos en nuestra propia experta de maquillaje.

20Zona de maquillaje.

Fué una mañana de caminar inesperado que se convirtió en un momento de consentirme, donde me hicieron sentir especial y única. Definitivamente volveré, sola o con mi chico, pues pensaron en todo, en la entrada hay una silla que da la bienvenida, donde los hombres pueden esperarnos tranquilamente mientras somos felices.

19Les dejo las coordenadas de este lugar que definitivamente vale la pena visitar: Avenida 82 # 12A-2 – (1) 4 661216

HORARIO:
Lunes, Martes y Miércoles: 10:30 AM – 7:00 PM
Jueves: 10:30 AM – 8:00 PM
Viernes y Sábado: 10:30 AM – 9:00 PM
Domingo: 1:00 PM – 6:00 PM

www.blush-bar.com

 

 

El derecho que nos quedaron debiendo.

 

Los argumentos de quienes se oponen a la despenalización del aborto van desde la prevalencia de los derechos de un bebé, hasta la supuesta alcahuetería del Estado frente a la irresponsabilidad de las mujeres. Me han dicho que legalizar esta conducta es acolitar las pésimas decisiones que las mujeres (principalmente) y los hombres han tomado frente a su sexualidad. También me han dicho que el bebé no tiene la culpa de ser un embarazo no planeado. Pero la discusión de fondo no es si el no nacido tiene la culpa o no, o si sus futuros padres son unos irresponsables. El debate que realmente se tiene que dar es qué derechos se están violando al penalizar el aborto y cómo la sociedad ha justificado esto. A continuación  una serie de mentiras que nos han echado la vida entera para no garantizarnos un derecho que nos merecemos. 

Mentira número uno: la creación de leyes y su interpretación es neutral, no está sesgada. Que existan normas como el artículo 122 del Código Penal, que es aquél por el que se da esta discusión, evidencia la existencia de una sociedad patriarcal. Es un error ignorar que en la construcción de leyes las ideologías juegan un papel vital. Tanto las personas que hacen las normas (en Colombia el Congreso) como quienes las interpretan y aplican, es decir, los jueces, guían este proceso bajo una ideología. Duncan Kennedy, un teórico jurista, ha escrito acerca de la presencia de las ideologías en la creación de normas, y cómo el derecho termina siendo una lucha política. En ocasiones esta conducta es inconciente, mas no menos real. La ideología detrás de la penalización del aborto es patriarcal. ¿Por qué? El género es un sistema político que condiciona ciertas relaciones de poder en las que un grupo es subordinado: las mujeres. A nosotras se nos discrimina por el simple hecho de ser mujeres, y esto se evidencia cuando a través de las leyes se perpetúa esta condición y como resultado se nos niegan derechos que deberíamos tener, como el del aborto. No malinterpreten mi argumento. Yo no estoy diciendo que cada una de las leyes de este país son patriarcales, sino que detrás de cada norma hay una carga ideológica. Que algunas de las leyes tengan una carga ideológica patriarcal es la discusión que quiero dar acá. ¿Por qué las posiciones morales de quienes se oponen al aborto, de aquellos que hicieron las leyes, deben limitarnos a las mujeres? ¿Por qué su posición tiene que inmiscuirse en nuestra intimidad? 

Mentira número dos: los hombres y las mujeres somos iguales y por tanto, merecemos el mismo trato. Si bien el movimiento feminista lucha porque a las mujeres se nos considere de la misma manera que a los hombres, cabe hacer una aclaración. No hay que confundirse: hombres y mujeres somos distintos, pero esta diferencia no implica que se nos discrimine negativamente a nosotras; el género no puede ser motivo de marginalización. Una sociedad perpetúa la desigualdad de género cuando les da exactamente los mismos derechos a los hombres y a las mujeres, bajo el argumento de que somos iguales. Catharine MacKinnon, abogada feminista, afirma que ignorar las problemáticas de género y asumir que las condiciones de los hombres por razón de género cobijan también a las mujeres es creer, erróneamente, que no hay desigualdad de sexos. A un hombre no se le puede garantizar su derecho a abortar porque no puede quedar embarazado. ¿Por qué extender esta misma consideración a las mujeres, quienes por naturaleza sí pueden dar a luz? La penalización del aborto viola el derecho de igualdad de las mujeres al ponerlas en un escalafón inferior frente a los hombres, en la medida que a éstos se les garantizan más derechos. Asimismo, negar este derecho va en contra del derecho a la reproducción, a la libre expresión y a la salud de las mujeres. Si nosotras no decidimos cuándo tener un hijo o no, no somos dueñas de nuestro cuerpo.

Mentira número tres: la vida del no nacido vale más que los derechos de una mujer. ¿Tienen más peso los derechos de un feto o los de una persona? La respuesta tiene un tono agridulce: un feto no tiene derechos. ¿Crudo? Sí. Para ser sujeto de derechos se requiere ser considerado persona, calidad que según nuestro Código Civil se otorga desde el momento en el que uno se separa de su madre (art. 90, Código Civil). El nasciturus, es decir, el feto, no se enmarca dentro de esta calificación, por lo que no puede ejercer algo que por su condición no tiene. Pero no crean, la posición del Estado no es tan extrema. El no nacido tiene protección (art. 91, Código Civil), que es una cosa bien distinta a tener derechos. ¿De cuándo acá tener protección es sinónimo de gozar plenamente de un derecho? El argumento de que se debe proteger la vida del no nacido (por encima de los derechos de la mujer) es refutable porque su condición, por mal que suene no es equiparable a la de la mujer. Una cosa es que las leyes protejan la vida de un mero proyecto persona, y otra muy distinta es que garanticen el efectivo goce del derecho a la vida de una persona. Ah, y una cosa más. Si tanto se quiere proteger la vida de este futuro bebé, debería estar claro que la vida es defendible, por supuesto, pero no cualquier vida. Un bebé tiene derecho a nacer, pero en condiciones dignas y con un mínimo nivel de vida garantizada. ¿Para qué aumentar el número de personas que viven en la pobreza en este país o que, simplemente no fueron deseadas?

Mentira número cuatro: legalizar el aborto aumentará el número de procedimientos que se realicen en el país: Una cosa es cierta: las mujeres abortan, sea legal o no. No es verdad que despenalizar el aborto significa que las mujeres van a tener relaciones sexuales sin protección y van a abortar como locas. Pero si fuera el caso, la solución a esto no es reprimir una conducta, sino que se debe enseñar que el aborto no es la primera, sino la última opción. Que yo defienda el aborto no quiere decir que me voy a dejar embarazar porque pues ¿qué carajos?, si puedo abortar. No voy a coger de plan de viernes ir a abortar. No, las cosas no son así. En caso de que algo saliera mal y tuviera un embarazo no deseado, me gustaría tener  posibilidad de considerarlo y decir “no quiero ser madre”. La cosa es que en este momento ni siquiera existe esta posibilidad. Como dice Florence Thomas: no es ser proaborto, sino prochoice. 

Les  boto un dato: hace unos años, el instituto Guttmacher realizó un estudio sobre el número de abortos clandestinos en el país. En el año 2013 se registraron 911.897 embarazos no planeados, de los cuales de 400.412 abortos, tan sólo 3.400 fueron legales. Casi la mitad de las mujeres que quedaron embarazadas abortaron. Asimismo, debido a la falta de información de quienes deciden auto inducirse un aborto, las complicaciones de este procedimiento aumentan, y en muchos casos el resultado es una hemorragia vaginal. Despenalizar el aborto no aumentará el número de procedimientos que se efectúan al año en el país, sólo va a legalizar una conducta que en este momento se está realizando clandestinamente y que es la causa principal de muerte materna. Si se legaliza el aborto no sólo se elimina una norma ineficaz, sino que se protege el derecho a la vida y a la salud de las mujeres al minimizar este número de muertes.

La penalización del aborto es una discusión jurídica, pero además social y moral. Social y moral no porque se lesionen algunas posturas y se hieran susceptibilidades, sino porque la creación de normas como esta tiene un tinte ideológico, que va desde la esfera moral hasta la social: este problema radica tanto en la posición de quienes creen que abortar está mal, que es pecado, como en la materialización de dicha postura en las leyes. Que la Fiscalía esté considerando darle el sí a la legalización total del aborto es un gran paso para que de una vez por todas nos den ese derecho que nos quedaron debiendo.

@lautomar


McKinnon, Catharine, Hacia una Teoría Feminista del Estado, Madrid: Ediciones Cátedra, 1989, pp. 277-304 y 427-446.

Duncan Kennedy, A Ciritique of Adjudication, Cambridge, Harvard University Press, 1997, pp. 133-212.

Prada, E; Singh, S; Remez¸ L; Villarreal, C. Embarazo no deseado y aborto inducido en Colombia: causas y consecuencias. Disponible en https://www.guttmacher.org/pubs/Embarazo-no-deseado-Colombia.pdf

POSIBLE LO IMPOSIBLE

De las historias que más disfruto contar entre mis allegados, la que hoy contaré es la que más me alegra.

Durante mucho tiempo critiqué las malas pasiones que nos demandan acciones de las que nos podemos arrepentir con el tiempo, como por ejemplo arriesgar todo por amor y volar lejos, o buscar donde nada se ha perdido. Miles de refranes pegan con la ocasión. Sin embargo, hay pasiones que nos arrastran a tomar decisiones y nos lanzamos a mostrarnos tal cual somos ante personas que nos hacen crecer, nos hacen mejores.

Crecemos en una sociedad llena de prejuicios, de tabúes, donde no se debe amar a alguien de tu mismo sexo, o donde una planta sanadora es prohibida. Crecemos en hogares donde enseñan a las princesas a mantener contentos a los príncipes, y donde esas mismas princesas no deben mirar a otros, para no ser calificadas como adúlteras.

Crecí llena de prejuicios que, a pesar de querer sanarlos y actuar con madurez, me ha permitido guardar a una puritana dentro de mí que sigue, de vez en cuando, enjuiciando, calificando, etiquetando, esa que intento callar cada vez que hago un juicio interno, porque mi boca no quiere sacarlo.

De conjuros de abundancia y amor

Cristina, nombre de ficción para proteger a la personaja de ésta historia, es una hermosa mujer, con sus principios bien definidos: feminista, cyborgciana, amante de los gatos y las lunas con humaradas; decidió venir a Buenos Aires para cambiar de ambiente y, luego de haber huido de una vida que le ofrecían como ama de casa, también en otro país, con un hombre al que no quería demasiado.

Llegó a la ciudad a estudiar, becada por el Gobierno. Vivió mil experiencias sobre viajes interiores en su primer año de estadía, siempre con la decisión de querer vivir una relación que permitiera la libertad de expresión.

Un día, a finales de año, conoció a un hombre, bastante coherente con sus pensamientos y principios, respetuoso de su filosofía feminista…bastante moderno. Trabajador sobre plantas, y amante de las risas.

El chico argentino se presentó como un gran cómplice en la organización de encuentros y festivales pro-feministas y pro-plantas prohibidas.

"Plantas prohibidas" Ilustración por Gato RC
“Plantas prohibidas” Ilustración por Gato RC

 

Para resumir, se enamoraron, y a los cuatro meses decidieron vivir juntos.

Ella, una librana divertida, y a veces demandante de atención, soñó con una relación en la que pudiera expresarse en libertad y, sobretodo que ese otro pudiera valorar lo que para ella significaba la amistad entre sus amigas brujitas por sobre cualquier relación, sus amigas son su familia, y la claridad y comunicación le ha funcionado. El chico se presentó con esa impronta.

Se arriesgó a vivir aventuras en su monkey móvil, y en su casita a las afueras de la ciudad. Se dio cuenta lo que realmente era amar en libertad y lo que era vivir sin censura en su propio hogar. Por supuesto que los problemas en la convivencia se presentaron o se siguen presentando, como todo; lo bueno es que son conscientes de ello y siguen en camino por mejorar.

Siempre viéndo-se, sonriéndo-se, y apoyándo-se ante todo, pensando en presente pro futuro.

Sus vidas, después de incertidumbres y parejas de tránsito, se cruzaron para prevalecer amor sobre principios, complicidad sobre juicios y lealtad sobre egoísmos.

"Soñando..." Ilustración por Gato RC
“Soñando…” Ilustración por Gato RC

 

Mis juicios se callaron con respecto a algunas decisiones pasionales. Mi yo puritana no habló mientras conocía la historia, y mi amistad con Cristina creció inmensamente para anidarla en mi corazón junto a su leal monkey. (Le decimos así por cariño).

Cristina, me enseñó a valorar la amistad, a vivir sin callarnos nuestras filosofías y principios y, a valorar-nos como todas unas féminas festivas.

Empecé mi crecimiento interior, gracias a historias como éstas, que me ayudan a construir mi historia todos los días, y que espero que a medida que siga con este blog y otros escritos, les ayuden a ustedes también a facilitar su camino.

Viajes interiores son posibles y, por supuesto, crear nuestro camino con nuestros propios principios también lo es.

 

 

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DECIDIR VOLAR

Las historias nos llegan en el momento preciso, en el lugar indicado. Nada en la vida pasa porque sí, todo debía pasar así, tal cual como lo hemos realizado.

Hace un par de semanas, escribió a nuestra FanPage una chica. La noté desesperada, o un poco miedosa por tomar una decisión. Me consultó su situación sentimental, me dijo que estaba en matrimonio con una persona con la que no estaba segura de seguir, y que por cosas de la vida debió viajar un tiempo fuera.

Noté que la estaba pasando tan bien en su viaje, que olvidó su vida real en el otro lugar. No quería volver.

"¿A dónde quieres ir?" Ilustración por Gato Rc
“¿A dónde quieres ir?” Ilustración por Gato Rc

 

Me consultó indecisa ¿qué decisión debía tomar? Pero insistí que lamentablemente no soy psicóloga para recomendar o sugerir decisiones, simplemente escribo mis vivencias, y algunas veces las vivencias de otros. Sin embargo le di mi opinión, basada en enseñanzas de una máster para mí: Marián Sánchez Carniglia, quien me enseñó ciertos principios que pueden servirles a muchos.

Así que con el permiso de Marian, les puedo decir que hay varios tipos de personas en la vida, miles de clasificaciones. Entre esas puedo destacar aquellas que están invitadas a su propia vida, y otras que son lo opuesto, que toman las riendas de su vida, son aurigas.

Las personas que son invitadas a sus propias vidas, les cuesta tomar decisiones, esperan a que la vida decida por ellas o a que otras personas decidan por uno. No voy a negar que es más fácil así, cuando son decisiones muy difíciles de tomar y que implican dentro de sí cambios, nos da temor, y en esto me incluyo, si la vida hubiese tomado por mí las decisiones más difíciles, tal vez no sería la persona que hoy soy, pero hubiese sido más fácil. Ese bendito hubiese/hubiera.

Los llamados aurigas, son las personas que toman las riendas de su vida y toman sus propias decisiones.

Durante el Imperio Romano, los aurigas eran los esclavos de confianza del reino, que halaban las cuerdas conducidas por grandes caballos y que llevaban consigo el carro de su amo, necesitaban alguien de confianza, porque simplemente ponían su vida en sus manos. Eran hombres fuertes, y que tomaban las decisiones del camino a tomar.

En una de las cartas del Tarot, se hace presente un hombre subido a un carro, conducido por bestias salvajes pero con un estilo egipcio, cola de león y senos de mujer. La carta se llama El Carro, y es interpretada en un sinnúmero de formas. La que más me atrae es la de gran autocontrol, habilidad para determinar el propio destino. Gran fuerza física y mental. Velocidad. Viaje.

El auriga, o su figura, se hace presente en muchas ocasiones o períodos de la historia, siempre con el mismo significado, el de valentía, el de fuerza, de camino de destino, decisión.

Eso fue lo que pude sugerir a la amiga que escribió: tú decides cuál ser, el auriga o el invitado a tu propia vida, son figuras de personas que vemos a diario, que nos cruzamos en el camino de la vida y que, de verdad, nos traen consigo enseñanzas. No puedes dejar las decisiones más difíciles al “destino” porque sencillamente no te atreves a tomarlas, sino te atreves a tomarlas, no estás ahora mismo dispuesta al cambio, y no está mal. Las cosas llegan cuando deben llegar, pero asegúrate de no perder oportunidades, y seguir creándolas.

"...el corazón, ese motor que puede más que todo" Ilustración Gato RC
“…el corazón, ese motor que puede más que todo” Ilustración Gato RC

 

Buceando en el mundo cyborg de Facebook, encontré una hermosa leyenda con una fotografía que decía que en la India se enseñaban cuatro principios básicos en la vida, el primero dice: “La persona que llega es la persona correcta”, nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

El segundo principio insiste: “Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”. Absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

El tercero: “En cualquier momento que comience es el momento correcto”. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y el cuarto y último: “Cuando algo termina, termina”. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

Y la leyenda de la foto termina diciendo: Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ninguna gota de lluvia cae alguna vez en el lugar equivocado.

Seguramente se lo debieron haber tropezado en sus Inicios de Facebook, y si mis amigos leen éste post, se dan cuenta que yo lo compartí también. Son cuatro leyes, principios, sabidurías, como los deseen llamar, que son esenciales para entender la vida, así como se presenta.

Terminé diciéndole a la amiga que nos escribió que sobretodo pensara en sí misma, porque cada una de nosotras/os somos los protagonistas de nuestra propia vida, y a la persona que más debemos escuchar gritar es a nosotras/os mismas/os.

"...se necesita más que fuerza, amor" Ilustración por Gato RC
“…se necesita más que fuerza, amor”
Ilustración por Gato RC

 

No tengo idea qué fue de la vida de la amiga, espero que ella nos esté leyendo en estos momentos y que sepa que la anduve pensando y la sigo pensando en la lejanía y distancia que nos separa y que, a la vez, nos acerca con los pensamientos. Si nos estás leyendo, puedo decirte nuevamente, sea cual sea la decisión que tomaste, seguro fue la mejor.

 

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¡Soy una mala mujer!

Si decir lo que no me gusta y exigir lo que merezco me hace una mala mujer; entonces, sí, soy la peor de todas.

Soy una mala mujer porque me amo lo suficiente como para seguir en una relación que no me hace feliz, que me opaca, que me exige renunciar a lo que soy. Y prefiero irme, cortar, antes que callar, estar de acuerdo en todo, entregarme a la sumisión.

Qué mala soy al decir, a gritos, que si me gusta un hombre también me tomo el trabajo de conquistarlo, de dar el primer beso, de llevarle un detalle, de prepararle el desayuno en la mañana.

O defenderlo cuando se burlan de él por llorar en público, por vestir de rosa, por no pensar que ser un mujeriego es símbolo de virilidad, por ayudar en las labores del hogar.

La peor de todas, al decir que mi sexualidad es mía y nadie tiene derecho a juzgarme si quiero desvestir o que me desvistan. Que el sexo es de dos y no de uno. Que yo tengo todo el derecho de decir que no.

Qué mala soy cuando a la hora de pagar la cuenta me tomo el atrevimiento de sacar mi billetera, o cuando no exijo que un hombre me abra la puerta o me ceda la silla de un bus…solo por ser mujer.

La más mala al molestarme cuando un hombre piensa que una mujer solo está en este mundo para tener hijos, encargarse de los oficios de la casa y casarse, pues solo así alcanzará su realización personal.

O, tal vez, indisponerme cuando camino por la calle y recibo toda clase de calificativos por mi cuerpo o cómo voy vestida ¿Acaso mi cuerpo es un bien público? ¡No! Él y yo merecemos respeto.

Qué pensará la sociedad de una mujer que, pasados sus 25 años, no está matándose la cabeza por no ser la mejor en la cocina, ni estar buscando a su futuro esposo y, que en vez de ello, prefiere dar prioridad a formarse profesionalmente, a actuar sin pensar en el qué dirán, a vivir…

Si es así, me declaro la peor, sí la peor de todas.

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¡IDEALISTA Y FEMINISTA!

Ideal según el diccionario es aquel que se acopla perfectamente a una forma o arquetipo, modelo perfecto que sirve de norma en cualquier dominio, o también un conjunto de ideas o de creencias de alguien. Y agrega: adj. Que no existe sino en el pensamiento.

Tantos significados de ideales como sean posibles.

En mi familia, en muchas oportunidades me pregunté ¿a quién salí?, ¿a quién me parezco más?, por suerte puedo decir que heredé muchas cualidades de diversas personas, que hasta el momento me acompañan en las decisiones que tomo y en las que estoy por tomar.

De las mujeres debo decir que vivo, aunque muchos de los hombres de mi familia no estén de acuerdo, en una familia matriarcal.

Mis abuelas son las jefas, amas y señoras de nuestro universo. No les puedes decir que no, no les puedes negar un favor, y mucho menos hacerles un desplante.

Díganle a la Sra. Doris (nombre no ficticio de mi abuela materna) que no tiene hambre, cuando ella preparó con toda su exquisitez, bellísimos platos típicos de comida.

Su rostro cambia, de brindarte una sonrisa pasa a una leve boca torcida y ojos bien abiertos, a lo que tú sólo puedes responder “no es verdad, sí tengo mucha hambre y se ve delicioso”, de lo contrario prepárate a ser sermoneado por el resto de la tarde, interpretando tu negativa ante su comida como un desplante al lazo que los une como abuela/nieto(a).

Díganle a la Sra. Emilse (nombre no ficticio de mi abuela paterna) que no tienen tiempo para llegar a visitarla el día en que ella organizó juntar a todos los primos en casa, acompañado de un arroz de pollo, como sólo ella lo sabe hacer.

No esperes su llamada preguntando qué te pasó, por qué no pudiste asistir; más bien espera un recado con alguno que sí tuvo la gentileza de ir, mandándote a decir: “díganle a Adriana que me encantó que nos acompañara ese día, vamos a ver si el día de su cumpleaños yo voy a poder ir”.

¡Te desheredaron!

"...comida con amor"  Ilustración por Gato RC.
“…comida con amor”
Ilustración por Gato RC.

 

Para mí, éstas dos mujeres son importantes en mi vida, tanto como para considerarlas mis modelos e ideales a seguir, de ellas quiero creer que heredé mil cosas buenas, y otras que me tomo para que me acompañen en el camino de las decisiones duras de tomar: ser guerrera, trabajadora, honesta, implacable, valiente para decir la verdad de frente, y con el carácter suficiente para demostrar que yo valgo.

Éstas hermosas féminas han creado en mí una fuerza inmensa para considerar el sexo femenino como algo fuerte y valiente, con la belleza de pensar que el feminismo no sólo consiste en pelear por la igualdad de derechos, sino de concebir a una mujer como una diosa guerrera, una Atenea que lucha y que es valiosa por el simple hecho de ser pacientes, organizadas, buenas productoras, además de traer vida, de procrear y de ser los pilares de una casa con bases sólidas.

Por eso, al tomar la decisión de viajar a territorios desconocidos, nunca obtuve de ellas una respuesta de terror, o una negativa, por el contrario, siempre dispuestas a apoyarme con la condición de no desviar mi mirada del camino que deseaba cruzar.

Acotando al pie de la letra sus consejos: no dejar que nadie me diga lo que tengo que hacer, ni mucho menos prestar atención a palabras necias, ni tampoco menospreciar mi sexo, dejándome tildar de débil, porque ellas me enseñaron lo contrario.

Después, siguen a mi lista, mi madre, por supuesto, y mis hermosas hermanas, que sin ninguna de ellas hubiese podido tener la fortaleza de no mirar atrás después de las despedidas, y agarrar el tiquete sin regreso pronto. Sentarme en una sala de espera para abordar mi avión, con lágrimas en los ojos y corazón mil veces más palpitante que de costumbre.

"...la fuerza de Atenea" Ilustración por Gato RC
“…la fuerza de Atenea”
Ilustración por Gato RC

 

De mi madre puedo contarles que, a pesar de haberle dado tantos dolores de cabeza durante mi adolescencia rebelde sin causa, es la amiga más fiel que jamás he tenido, y de eso hablan nuestras conversaciones a distancia por skype, facetime y por todos los medios posibles que tengo para llamarla, y preguntarle por lo que pasa en Barranquilla, lo que me pasa a mí acá y la espera que se siente al despedirnos, la espera paciente por volver a vernos.

Como por confusiones de fecha pensé que éste fin de semana era el día de las madres, me disculpo ante ellas y dedico éste post a las mujeres más hermosas, fieles, leales y amigas que tengo cerca de mí, siempre.

Mis hermanas, no son madres, ¡claro que no! Diría Sandra (nombre no ficticio de mi hermana mayor), y esperen un rotundo ¡No, Adriana! De la menor, Andrea (tampoco es nombre ficticio), mujeres que rodeamos a mi padre, y lo hacemos y obligamos a tomar decisiones que conduzcan mejor nuestros caminos.

A ellas, mis hermanas, debo el apoyo incondicional, y agradezco la fe en mí que tienen, porque nunca pensé en amarlas tanto, y en pensar que por mis hermanas, mi madre y mis abuelas doy todo.

Todas ellas tienen una viajera por dentro, todas tienen una hippie dentro de sí, como me decía mi madre con el escrito del viaje a Córdoba.

Y en agradecimiento a todos sus consejos, su herencia de sabiduría y su paciencia, debo homenajearlas todos los días del año pensando en ellas, aunque no las llame muy seguido, siempre están conmigo… es que si pudieran ver a estas señoras arreglándose cuando van a hablarle a uno por skype, primero muertas antes que sencillas, dirían. Y preguntando ¿con cuál botón contesto?, y si minimizan la ventana accidentalmente: “Adrianita te escucho pero te me fuiste, ¡Ay! Se me fue, aló?, estás ahí?.

Mis abuelas, mi madre y mis hermanas, son mis pilares feministas.

Resumo diciendo entonces que para mi ellas son mis ideales a seguir, así que por ello tomo las palabras mágicas a mi disposición y otorgándoles un nuevo sentido, he decidido crear una nueva doctrina:

“Por las hermosas féminas de mi familia me declaro una idealista feminista, ¡a mucho honor!”.

 

Más de nosotras lo encuentran en nuestra FanPage: “Vivir en el Extranjero” 

Y, los Garabatos de Gato los encuentran aquí y aquí

 

 

 

 

 

¡Liberemos el pezón!

Una vez subí a Facebook dos fotos de una mujer desnuda. Varios me preguntaron si esa era yo, y antes de que pudiera responder, algunos ya estaban haciendo juicios de valor sobre lo mal que estaba eso. Tiempo después alguien denunció ambas fotos y tuve que eliminarlas; nadie pudo apreciar la belleza de esas dos mujeres, no sin poner encima sus prejuicios. Por mucho tiempo el fondo de pantalla de mi celular era la foto de una mujer mostrando su parte de arriba manchada de pintura. Quien miraba mi celular preguntaba con asombro si la de foto era yo… ¿tan raro es tener mujeres mostrando sus pezones en algún lugar donde pueda verlos? Al parecer sí. Si las fotos que publiqué en Facebook no hubieran mostrado pezones sino tetillas (o cual sea el masculino de pezones) ¿las hubieran denunciado?

La pregunta central es, entonces, ¿por qué que las mujeres muestren su torso llama tanto la atención mientras que si lo hace un hombre no? He visto a tipos con senos más grandes que los de algunas mujeres, y aún así, los dejan salir a la calle como se les da la gana porque, ¡atención!: son hombres. Y aunque sus tetillas parezcan más senos que tetillas, no importa, son machos.

La desnudez no es más que un tabú de quienes viven en el mundo de la fantasía, y me atrevería a decir, que no pueden entender que Fulano o Sutana tienen exactamente lo mismo que el resto. No vivimos en el mundo de Barbie; todos sabemos que allá abajo un hombre tiene mucho más de lo que el pobre Ken ha sido dotado, y que los senos de las mujeres tienen más variedad que lo que los creadores de Barbie quisieron ponerle. (No estoy diciendo que los diseñadores de juguetes de niños deban ser extremadamente realistas al momento de crear muñecas, aunque no estaría mal). Lo que no entiendo es si es por cuestiones de pudor o de prejuicios, que la gente se escandaliza tanto al ver un jodido pezón, sabiendo que sus mamás, abuelas, tías, primas, amigas, novias, etcétera, también tienen un par. No voy a apuntar con el dedo a quienes deseen mostrar su cuerpo; a fin de cuentas, cada quien hace lo que quiere con el suyo siempre y cuando no afecte a los demás. Y un pezón, queridos y queridas lectoras, no perjudica a nadie.

El año pasado, Lina Esco, actriz y directora, lanzó una comedia (o así la cataloga IMDb) llamada Free the Nipple. Esta película está basada en el movimiento por la igualdad de género cuyo nombre es el mismo del filme. Free the nipple tiene lugar en Nueva York, donde un grupo de mujeres se toman las calles para protestar ante los múltiples tabúes culturales y legales que existen acerca de los senos.

“We stand against female oppression and censorship, both in the United States and around the globe”

"Estamos en contra de la opresión femenina y la censura, tanto en los Estados Unidos como alrededor del mundo", se puede leer en la página de la película: http://www.freethenipple.com/

A esta campaña se han unido varias personas, como Miley Cyrus, Liv Tyler, Lena Dunham y hace poco, Björt Ólafs­dót­tir, una diputada islandesa, a raíz de la protesta virtual que se volvió viral en redes sociales hace unas semanas. Resulta que Adda Þóreyjardóttir Smáradóttir, una joven de 17 años, quiso promover la igualdad de género y se quitó el brassier en una foto que subió a Twitter. Ya imaginarán que la lluvia de comentarios en contra llegó. ¿Qué pasó entonces? Un montón de mujeres se unieron a esta chica y subieron a sus redes sociales fotos de sus pechos en apoyo a esta lucha. La etiqueta #FreeTheNipple se convirtió ese día en una de las tendencias en Twitter.

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Así como algunas mujeres están peleando en este momento porque se les permita exhibir su cuerpo de manera autónoma, hace muchísimos años los hombres también lo hicieron.  Por allá en la década de los 30, en Estados Unidos era ilegal que un hombre expusiera su pecho. Ante tremenda ley, un grupo de hombres empezaron a protestar y a exigirle al gobierno su derecho a exhibir su torso sin ser arrestados por ello, con la consecuencia, claro, de que fueron encarcelados por motivar este tipo de conductas. Esto incentivó a más personas, razón por la cual en 1935 cuarenta y dos hombres descubrieron sus pechos en Atlantic City, acto que llevó a que fueran aprehendidos después. Finalmente, en 1936, el estado de Nueva York fue el primero en abolir esta ley y por primera vez los hombres tenían la libertad de ir a la playa y andar por las calles sin usar camisa. ¿Quieren saber más de esta historia? Entren a este link.

Pero si mi punto no ha quedado claro, vamos a hacer un ejercicio. Miren estas fotos y piensen en lo que está sucediendo:

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¿Qué tienen en común estas personas? Vemos a Miley Cyrus y Patrick cuyoapellidotuvequegooglear,copiarypegar Schwarzenegger. Ambos están en la playa pasando un buen rato; ambos están mostrando su cuerpo; ninguno de los dos está usando alguna prenda en la parte de arriba; a los dos se les ve tranquilos y felices comiendo perdices. Pero hay algo que los diferencia rotundamente y hace que la escena sea perturbadora, incluso cuando los dos están haciendo exactamente lo mismo: para él está bien, para ella no. ¿por qué? Porque uno es hombre y la otra mujer. Sencillamente por eso.

Que apoye esta campaña no significa que vaya a salir a la calle tal cual nací, pero si un día quisiera, me gustaría poder hacerlo sin ser discriminada. Lo mínimo que esperaría es que cuando suba una foto a una red social en la que una mujer exhibe sus pechos, ésta sea valorada como lo sería una en la que el modelo es un hombre. El machismo tiene matices tan naturalizados que la sociedad misma estigmatiza y discrimina sin siquiera notarlo.

Un plus: la organización parces  está promoviendo una linda campaña en Facebook ante la censura de esta red social frente a la exhibición femenina. Con el hashtag #pezónlibre buscan rechazar la censura e invitan a todos a unirse a la campaña Free the nipple. 

@lautomar

Los hombres que no creían en las mujeres

Pensarán que es una entrada anticuada, típica o descontextualizada, pero no, aunque parecen extintos, aún los hay, aún existen esos hombres tontos que en pleno siglo XXI siguen sin creer en las mujeres.

Todo empezó porque hace unas semanas discutía con un amigo sobre una mujer muy inteligente que hoy está en la cúspide de su carrera. A mí parecer, y como se lo dije a mi amigo, ella es inteligente y se merece todo lo que le está pasando. A eso él respondió “¡Qué va! Quién sabe a quién se estará comiendo que la tiene ahí acomodada”. Fin de nuestra amistad.

A mi antiguo amigo, hoy conocido de la vida, le dedico mi primera entrada para Fucsia. Gracias a comentarios como los tuyos es que pareciera nula la lucha que llevaron importantes mujeres antes que nosotras. Además, declaro nulo todo contenido académico que pudiste recibir alguna vez en tu vida, de nada te sirvió. O sea, como que te toca replantearte o volver a nacer a ver si en tu nueva vida sí evolucionas. De nada por el consejo.

Me parece curiosísimo que a veces cuando se toca el tema de equidad de género sigan apareciendo comentarios de personas que creen que eso era “cosa de antes”, que ya no hay discriminación, que ya las mujeres somos tratadas igual que los hombres ¡Ja! Sigue faltando tanto.

Por ejemplo, una pregunta facilita; ¿qué pasa cuando una mujer pasa al lado de una construcción en la que hay obreros? ¡Bravoooooo! Seguro que todas contestamos en un unísono mental “nos piropean” o “nos morbosean”.

Queridos hombres, no sé si es que nunca les enseñaron esto o ese día faltaron a clase, pero resulta que –y esto puede ser revelador para algunos- las mujeres no salimos a la calle para entretenerlos. Creo que jamás nos hemos dicho a nosotras mismas “me voy a poner esta blusa con esta falda porque estoy segura de que así cuando salga a coger el bus, el de la esquina me va a preguntar si están cayendo ángeles del cielo” o “voy a mover las caderas mientras camino para que me digan que si así como camino, cocino…”, en fin, hombres, triste para ustedes, pero cierto.

Entonces, volviendo a ti, examigo, la próxima vez que se te crucen comentarios tan desacertados y machistas, acuérdate de mí y de esto que te hago saber en este pequeño texto. Recuerda que antes que tú estuvieras siquiera en los planes de tu mamá, o tu mamá en los planes de tu abuela, existieron mujeres que la lucharon a muerte y que defendieron sus ideales. Que gracias a ellas hoy puedo, entre otras cosas, contarte en este espacio público lo ciego que estás. Ojalá despiertes pronto, por tu bien.

Ahora, no crean que soy de las que escribe con odio, para nada, puede que alguna vez lo vaya a hacer, pero hoy no fue la ocasión, hoy escribí pensando en dos cosas; la primera, en mi conocido y en su ignorancia, de verdad sentí pesar por él, por su mamá, sus amigas y por su novia, no debe ser fácil convivir con alguien que te crea inferior. La segunda cosa en la que pensé fue en ustedes, las personas que me leen y que esperaría me siguieran leyendo. Así soy yo, así escribo. Hoy quise escribir de esto, mañana puede que sea sobre política y luego sobre mi carrera, o las flores, o el amor. Pero hoy quería esto, que supieran que de esto me gusta escribir, que tengo convicción, que soy defensora de lo que creo y la lucho a punta de letras.

 

@AngelaMartinezL