No existen hombres confundidos 

Sí, definitivamente no existen hombres confundidos. “Es que no eres tú, soy yo”, “es que yo soy mucho para ti”, “es que tú te mereces algo mejor”. ” Tal vez, en otro momento de mi vida”, ” es que no estoy listo para comprometerme”, “es que no te puedo hacer feliz”….¿Les suena familiar?

 

Seguramente, a muchas de nosotras nos han salido con estas frases victimizantes. Frases que carecen de todo sentido. Que nos confunden, e incluso, sacan toda nuestra hermana de la caridad interior. “¡Pobres ellos!”, pensamos.

 

Y lo peor de todo no es eso, sino que nosotras, en nuestra ingenuidad, nos hacemos el ‘pajazo’ mental de que nos aman, pero, qué pesar, están confundidos ¡Falso!

 

El que quiere estar con uno, por más difícil que sea la situación, saca las agallas para quedarse ¿Cómo? No sé. Los demás, solo buscan excusas. Arman su libreto de mártires y esperan que uno se conmueva, pero no.

 

Tal vez, en otro momento de mi vida”, ” es que no estoy listo para comprometerme”, “es que no te puedo hacer feliz”….¿Les suena familiar?

 

Cuando un hombre duda si la quiere; sencillo, no la quiere.


Cuando la trata como si no fuera su prioridad, créale.

 Cuando se niega a pasar tiempo con usted, es porque tiene cosas mejores que hacer.


Cuando no la llama, es porque no la quiere llamar; no porque está muy ocupado.

 Cuando la invita a salir y la deja ‘con los crespos hechos’ es porque definitivamente ya tiene un plan b.

Paremos de engañarnos a nosotras mismas, chicas. Los hombres son básicos, mucho. Para ellos, es blanco o negro; no hay términos medios. Así que apliquen esa teoría también a cómo actúan con ustedes.


Cuando un hombre tiene la voluntad de estar con una mujer, se esfuerza para ser mejor cada día y, lo más importante, se asegura que ella lo sienta.


Cuando no es así, cuando las palabras idílicas que dicen no va con los hechos, es porque no son tan príncipes como nos han hecho creer.

 

Cuando un hombre duda si la quiere; sencillo, no la quiere.


Uno no puede ir por el mundo rehabilitando ‘gamines’, ni mucho menos, ayudándoles a resolver sus confusiones; que así nos neguemos a creer, usualmente tienen nombre y apellido.O, ¿ se han preguntado por qué un día les dicen que las aman y a la semana dicen que ya no? Eso no pasa porque sí.

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 Ellos son simples, así que no se maten la cabeza tratando de entender por qué el amor que les juraban tener se desvaneció tan repentinamente. O por qué dicen una cosa y con sus hechos demuestran otra.


Metamos un poco de razón al asunto y, seguro así, logremos dar con hombres que en realidad sepan apreciar a la mujer que tienen al lado.

 

 

En Twitter: @AnaLuRey

La mente de los hombres trabaja a media marcha

He llegado a la conclusión de que los hombres, por más buenos que sean, tienen un defecto de nacimiento, tan inherente como su masculinidad: un cerebro que funciona con efecto retardado.

Esperar que un hombre piense antes de actuar es como pedirle peras a un olmo. No es cuestión de paciencia, solo se trata de entender que ellos, por más que lo intenten, siempre tienen una tendencia a ‘embarrarla’ todo el tiempo, aunque después pidan perdón.

Seguramente las mujeres que están leyendo entenderán mi sentir y los hombres, en medio de su extrema racionalidad para todo, también.

Mi intención no es decir que les falta cerebro, ni mucho menos; solo que, en contraste con las mujeres, actúan dominados por su ser racional y por eso creen que siempre hacen las cosas bien. Y no.

-Oye ¡No hemos hablado hoy en todo el día!- dice ella.

– ¡No me deja respirar! ¡Qué mujer tan asfixiante!- piensa él.

¿Les suena? Este es un caso que no se aleja de la realidad. Y los hombres, en vez de entender que les hacemos este reclamo porque los extrañamos, lo ven por el lado de que los estamos invadiendo. Sin embargo, nunca se dan cuenta en el momento, siempre lo harán mucho después. Muy tarde.

Ocurre lo contrario cuando nos dicen que los acompañemos a una reunión familiar, a planes con sus amigos o a practicar el deporte que tanto les gusta. Nuestro primer pensamiento nunca será  “¡Qué pereza! No entiendo porque no puede ir solo” . Por el contrario, iremos sin ningún reparo, solo porque sabemos lo importante que es para ustedes ¿Ven la diferencia?

No los culpo. Entendernos tampoco es fácil, pero hacerlo con ustedes creo que es aún más complejo.

El hecho de que la naturaleza masculina sea tan básica, no quiere decir que sea sencillo comprender el porqué de sus reacciones o lo mucho que tardan en darse cuenta de que están haciendo algo mal.

Es como si actuaran y, a los días despertara la voz de la conciencia; mientas nosotras, en medio de la impotencia, esperamos a que reaccionen.

No miento. A veces, es muy frustrante. Pero ahí,  tal vez, la clave es que aprendan a ver más allá de las situaciones y analicen cuál es el trasfondo de nuestras exigencias. Que no solo decimos las cosas porque nacimos con la cantaleta en nuestros genes, sino porque queremos lo mejor para ustedes y la relación.  Simple, solo hay que intentarlo.

En Twitter @AnaLuRey

 

 

No quiero un novio; quiero un compañero de camino

Ya no soy la misma de antes. He sido víctima y también victimaria. He tenido que enfrentarme con el dolor de perder a alguien y he renacido de las cenizas. He tocado el amor con las palmas de mis manos, pero se me ha ido entre los dedos.

Por eso, no quiero un novio. No deseo a un hombre al que le entregue mi alma y después se la lleve a pedazos. No estoy interesada  en amores de medio tiempo, ni con fecha de vencimiento.

Quiero un compañero de camino. Un  hombre que, además de ser  mi enamorado, también me acompañe en el sendero de vida que he decidido tomar. Y que para él yo sea la única mujer con la que anhela recorrer, día a día, todos sus caminos.

 No deseo a un novio para que me de besos, me acurruque en los días fríos o que me abrace en las mañanas; eso lo hace cualquiera. 

 Quiero uno que mire en la misma dirección que yo lo hago. Él con sus metas, yo con las mías, pero ambos encaminados a una en particular: hacerlas realidad juntos.

Quiero a un hombre independiente, sí; pero no, excluyente. Que entienda que una relación es de dos y no de uno. Que este dispuesto a ceder, en algunas ocasiones, así como yo lo hago. Que mire, de vez en cuando, más allá de sus narices.

Quiero a un hombre que me ame tanto, como para imaginar una vida conmigo, así el destino, por una otra razón, cambie de dirección.

 Quiero que anhele no solo tomar mi mano en la calle, también en la vida. Que a su lado yo pueda vivir una historia de amor infinito; no desechable.

No me interesa tener una relación como las de hoy en día: efímeras, que en el primer intento dejan todo en el camino, que prefieren tomar un nuevo rumbo antes de conservar lo que tienen.

No quiero entregar mi corazón por una porción limitada de tiempo, con el temor de que, en cualquier momento, deje de latir y se resigne al dolor. No quiero que se lleven una parte de mí y me dejen un agujero en el pecho.

Quiero a ese compañero de camino, a ese compañero de vida. Y no deseo seguir caminando sin él. 

Escribiéndolo

Hoy decidí escribir sobre usted y sobre lo que me hace sentir. Dibujar su nombre en mi alma y dejar que mis dedos lo tracen en letras.

Hoy, como pocas veces suelo decir , le confieso que soy feliz a su lado, que mi corazón se llena de vida cuando lo veo y que no hay nada en este mundo que me haga sentir mejor que estar entre sus brazos.

Quiero decirle que adoro cada parte de su ser, que he aprendido a verlo tal y como es, sin anestesia, y es por eso que valoro la persona que es cuando está a mi lado.

Le confieso que cada vez que me besa, mi cuerpo se estremece tanto que no puedo ocultar lo que siento por usted. Y, como si se tratara de una droga, empiezo a decirle con mis labios cuánto lo quiero.

Quiero contarle que el mejor momento de mi semana es cuando lo veo. Y salimos a algún lugar de la ciudad o simplemente nos quedamos en casa, al calor de una botella de vino y un anecdotario entero para contarnos el uno al otro. La pasamos increíble siempre .

Dormir juntos y, al día siguiente, despertar a su lado mientras usted se aferra a mi cintura, como si nunca quisiera dejarme ir. Por favor, no me deje ir.

Quiero decirle que gracias a usted mi corazón volvió a latir. Usted, en medio de la tormenta, me retornó a la calma y me devolvió lo que creí perdido. Le agradezco por eso.

También quiero decirle que usted me enseñó a que el amor no es, sino se construye: Con tiempo, paciencia y esfuerzo. Y hoy deseo seguir construyéndolo, poco a poco, con el corazón pero también con la razón.

No me deje ir, porque yo no lo dejaré ir a usted, al menos por el tiempo que nos queda juntos.

Ya no siento temor de dejarlo ir

Lo quiero. De verdad, lo quiero, pero si tengo que decirle adiós, ahora mismo o más tarde, no me invadirá el temor de que, así como apareció en mi vida, también se vaya.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que yo soy lo más importante. Por encima de usted y de “nosotros”.

No me importa si debo decirle que se vaya para ser feliz. Prefiero mi tranquilidad a continuar en un circulo vicioso de amores y odios que solo usted y yo habríamos podido dibujar.

Un ciclo de pasiones tan adictivo como la peor de las drogas. Droga de la que rehuso a continuar dependiendo.

Lo quiero. Lo quiero de verdad, pero sé que el amor no lo es todo; pues la razón, en la mayoría de ocasiones, es la mejor consejera.

No. No es fácil decirle que se vaya. Que me deje. Que usted me olvide y yo, por mi bien, me haga el ‘pajazo’ mental que debo borrarlo de mi todo -como si fuese una historia jamás contada- .

Pero es mi única alternativa. Se me agotaron las razones para creer, para seguir luchando. No hay más que decir. Usted lo sabe. Lo sabemos.

Prefiero perderlo que perderme a mí misma, que traicionar lo que soy e ignorar lo que siento.

Tal vez, esta sea la última vez que escriba para usted o quizás lo siga imaginando entre cada historia que plasmo. Recordando sus besos al amanecer, el roce de su piel contra mi cuerpo y su respiración acelerándose cuando mis labios tocaban los suyos.

Recuerdos que, de vez en vez, seguirán calando en la impermeabilidad de mi alma. Imágenes que inoportunamente volverán a pasar por mi mente, a blanco y negro, como una película antigüa. Flashbacks de su mirada que hoy, esta noche, ya son parte del pasado.

@AnaLuRey

No soy fácil de lidiar, pero soy muy buena cuando se trata de amar

No soy una mujer dócil. No me es fácil soportar con paciencia ciertas situaciones. Me equivoco con frecuencia. Digo cosas de las que, más tarde, me arrepiento. Y me cuesta tener humildad. Sí, tengo miles de defectos. No soy perfecta ni quiero serlo. Pero sé amar. Lo aprendí en algún momento de mi vida, aunque Él no tuvo la suficiente valentía para quedarse.

Soy un mar de emociones. Vivo entre constantes tsunamis y el contraste del apacible movimiento de las olas a la madrugada. Subo y bajo, como una montaña rusa. Son pocos los momentos de mi vida en los que me encuentro en un punto neutro. Me desbordo por completo o me sitúo en un punto de inexistencia emocional.

Y así como mis emociones es mi corazón, que nunca deja de latir con esa desbordada fuerza. Con una inexplicable pasión. Así como yo.

Por eso tengo la seguridad de que, aunque no soy tan fácil de lidiar, sé amar. Cuando amo, me entrego por completo. No conozco los términos medios, así que amo con pasión, con deseo, con todas mis emociones a flor de piel.

Todo me mueve: una caricia, una mirada, que Él me tome de la mano. Y, de la misma manera, no soy tan imperturbable como muchos suelen creer. No tengo con una coraza tan firme como parece – aunque, en ocasiones, así lo quisiera-.

Si amo de verdad, lucho. Usar y desechar no es mi filosofía, por eso me gusta dar la batalla por quien amo. Llegar hasta las últimas consecuencias. Y no partir, dejar ir, como si nada hubiera pasado. Como si fuese tan fácil olvidar con la puesta del sol.

Aún no estoy segura de qué tan malo es ser así. Creo que no es tan bueno. A veces lo detesto, pero después me doy cuenta que es parte de mi esencia. Tan inmodificable como mi eterna pasión por las letras y el café.

“Soy egoísta, impaciente y un poco insegura. Cometo errores, pierdo el control y a veces soy difícil de lidiar. Pero si no puedes lidiar conmigo en mi peor momento, definitivamente no me mereces en el mejor”, dijo, alguna vez, Marilyn Monroe.

He llegado a la conclusión…

He llegado a la conclusión de que usted y yo no nos necesitamos. Solo estamos juntos por estar.

No nos engañemos más. Aquí nada va a crecer. Aquí no hay amor. No hay vida. No hay bases sobre las qué construir. Usted quiere una casa prefabricada y yo quiero una mansión.

Yo quiero amor verdadero. Que pueda sentir. Y no lo siento.

Tal vez usted tiene miedo de hacerme feliz, de encontrarme y perderse en mí.

Usted tiene un inmenso temor de enamorarse de mí. Pero no quiero seguir luchando.

Voy a dejar que el río siga su cauce, así sin más. Sin forzar su rumbo. No seguiré poniendo rocas en el camino para desviar sus aguas.

Usted busca temporalidad, pero yo busco infinidad. Estamos por rumbos distintos. Queremos cosas diferentes ¿Para qué continuar en un cuento que no tiene final feliz?

Yo sí quiero un amor así. Ese que me haga latir el corazón, con tal fuerza, que solo quiera estar a su lado por lo que me resta de vida.

Pero parece que usted no.

No seguiré esperando nada suyo. Nada. Solo de mí.

El camino sigue y yo tengo los brazos abiertos.

Hoy me resigno y acepto. Sigo con la cabeza al frente. Esperando por alguien que usted, evidentemente, no quiere ser en mi vida: mi amor eterno.

@AnaLuRey

Dejar de pensar en sí mismo, para pensar en los demás

Nos acostumbramos a poner los cimientos de las relaciones sentimentales bajo la premisa del amor, olvidando que existen otros detalles que valen más que eso.

Siempre he pensado que si no hay amor, no hay nada. Pero ¿De qué vale el amor cuando no se es capaz de dejar de pensar en sí mismo, en algunas ocasiones, para pensar en la otra persona?

Me pregunto de qué vale decir a viva voz que se ama a la otra persona, cuando cuesta tanto dejar a un lado la zona de confort, para hacer feliz al otro.

Eso no es amor. Amor no es buscar solo el beneficio individual, sino aprender a ceder. Aprender del otro y de sus gustos y pasiones y, así sea, de vez en cuando compartirlas. No porque nos gusten también, sino porque para esa persona – que decimos amar- son una parte inherente de su vida. Y es por esto que es importante para nuestra pareja que estemos presentes. Porque quiere vivirlas con nosotros.

Qué bonito es cuando el otro se interesa por compartir momentos con el grupo de amigos o familia del otro, así poco le guste ¿Cuál es el detalle? Que lo hace es para que ver dibujada una sonrisa en el rostro de quien ama.

Amar es aprender a dejar el egoísmo a un lado, pues cuando se quiere hacer algo por el otro, se hace. Tan simple como eso. Para lo demás solo hay excusas.

El amor es importante. Sí. Pero se tiene que demostrar.Decir “te amo” es fácil; darle un verdadero significado a esa palabra – tan inmensa- no lo es.

Amar encierra muchas cosas, entre ellas pensar en el otro. No solo en nuestro bienestar o en lo que nos haga felices. Es hacer un sacrificio por la otra persona ¿Por qué? Porque vale la pena verla feliz. Porque así es que nace el amor: de detalles. Lo demás es solo “amor” a medio tiempo.

@AnaLuRey

¡Soy una mala mujer!

Si decir lo que no me gusta y exigir lo que merezco me hace una mala mujer; entonces, sí, soy la peor de todas.

Soy una mala mujer porque me amo lo suficiente como para seguir en una relación que no me hace feliz, que me opaca, que me exige renunciar a lo que soy. Y prefiero irme, cortar, antes que callar, estar de acuerdo en todo, entregarme a la sumisión.

Qué mala soy al decir, a gritos, que si me gusta un hombre también me tomo el trabajo de conquistarlo, de dar el primer beso, de llevarle un detalle, de prepararle el desayuno en la mañana.

O defenderlo cuando se burlan de él por llorar en público, por vestir de rosa, por no pensar que ser un mujeriego es símbolo de virilidad, por ayudar en las labores del hogar.

La peor de todas, al decir que mi sexualidad es mía y nadie tiene derecho a juzgarme si quiero desvestir o que me desvistan. Que el sexo es de dos y no de uno. Que yo tengo todo el derecho de decir que no.

Qué mala soy cuando a la hora de pagar la cuenta me tomo el atrevimiento de sacar mi billetera, o cuando no exijo que un hombre me abra la puerta o me ceda la silla de un bus…solo por ser mujer.

La más mala al molestarme cuando un hombre piensa que una mujer solo está en este mundo para tener hijos, encargarse de los oficios de la casa y casarse, pues solo así alcanzará su realización personal.

O, tal vez, indisponerme cuando camino por la calle y recibo toda clase de calificativos por mi cuerpo o cómo voy vestida ¿Acaso mi cuerpo es un bien público? ¡No! Él y yo merecemos respeto.

Qué pensará la sociedad de una mujer que, pasados sus 25 años, no está matándose la cabeza por no ser la mejor en la cocina, ni estar buscando a su futuro esposo y, que en vez de ello, prefiere dar prioridad a formarse profesionalmente, a actuar sin pensar en el qué dirán, a vivir…

Si es así, me declaro la peor, sí la peor de todas.

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La justicia en Colombia no tiene rostro de mujer

En la noche del martes, y ante el asombro y rechazo de miles de colombianos, se anunció la preclusión del caso de la periodista Jineth Bedoya y la posterior orden de libertad del paramilitar Alejandro Cárdenas, alias ‘J.J.’, identificado por ella misma como su agresor. Simultáneamente, se aprobaba la Ley Rosa Elvira Cely, que castiga severamente el feminicidio en Colombia.

Tras permanecer recluido en la cárcel La Picota, desde 2012, la Fiscal 49 de la Dirección de Derechos Humanos le dio la boleta de libertad, asegurando que no había las suficientes evidencias. Como si el testimonio de Bedoya, víctima de secuestro, tortura y violación, no fuera una prueba reina de la investigación. La pregunta es ¿Qué más necesitaba la Fiscalía para que ‘J.J.’ fuera declarado como el agresor de la periodista?

Finalmente, pese a la mirada incrédula de muchos -como yo- el paramilitar salió de la cárcel, burlándose de la justicia y dejando el caso archivado.

Es indignante que la larga batalla que esta mujer ha sorteado en defensa de los derechos de las mujeres, desde que 20 años atrás fue víctima de todo tipo de agresiones sexuales y psicológicas por parte de un grupo de paramilitares -entre los que se encontraba Cárdenas-, se vea estancada por la ineptitud de la justicia colombiana.

Un caso más para archivar, una más de las mujeres que aún siguen esperando que sus victimarios paguen lo que les hicieron, al menos a la Justicia, porque los daños psicológicos de este tipo de hechos suelen ser irreparables.

¿A qué jugamos?

Mientras esa noche se aprobaba en último debate en la Cámara de Representantes la Ley Rosa Elvira Cely, que categoriza el feminicidio como delito, con penas de 50 años para quien lo cometa; Bedoya conocía la decisión con respecto a su caso.

“@FiscaliaCol ordenó libertad de uno de mis violadores. Tengo el corazón golpeado y la dignidad intacta”, aseguró en su cuenta de Twitter.

En ese orden de ideas, aún no logro entender cuál es el mensaje cuando se aprueban proyectos de ley tan importantes como este, para garantizar una sociedad en la que las mujeres podamos caminar sin miedo por las calles; pero, a la vez, se le da una bofetada a una de las defensoras más aguerridas de nuestros derechos.

Leyes como la Rosa Elvira Cely hacen que recupere la esperanza en la sociedad colombiana; mas, al conocer este tipo de decisiones de la Fiscalía –absurdas, por cierto- , tengo una sensación agridulce en cuanto al atraso en el que aún nos encontramos, respecto a la garantía de los derechos de las mujeres en Colombia.