La sociedad que prefiere creer al supuesto delincuente

Me preguntaron hace poco qué pensaba del tema del supuesto acoso laboral y sexual perpetrado por Jorge Armando Otálora, defensor del Pueblo, contra su ex secretaria privada. Si creía en las acusaciones vertidas por la abogada Astrid Helena Cristancho o, por el contrario, daba crédito a lo que él argumentaba: su comportamiento está sacado de contexto porque cuando ocurrieron los hechos ambos mantenían una relación de más de un año (“estaba enamorado”, se defendió Otálora). Debe ser que mi opinión como extranjera daba un plus internacional al debate, quién sabe.

Lo paradójico es que el emisor de este cuestionario fue una mujer que, aunque no era capaz de tomar una posición clara al respecto, vacilaba a la hora de dar veracidad a la versión de Cristancho.

Mi respuesta fue clara: antes de emitir un juicio de valor, había que esperar las informaciones que, de seguro, iban a sucederse en los próximos días, como así fue. Lo deplorable es que, junto a ese aluvión de informaciones más o menos coherentes e informativas sobre el tema, se suscitó todo un circo mediático que se ha centrado en desprestigiar a uno de los protagonistas. Y no, al contrario de lo que se pudiera pensar teniendo en cuenta que a una de las partes se le acusa de acoso sexual, la campaña de difamación ha ido dirigida hacia Helena Cristancho.

Para la opinión pública, el hecho que desde septiembre del año pasado varios empleados del funcionario le denunciaran por acoso laboral, no ha sido motivo suficiente para darle el beneficio de la duda a la aboga . Tampoco las conversaciones de chat que el periodista Daniel Coronell sacó a la luz en Semana y en las que se perfila un comportamiento bastante inapropiado de Otálora hacia varias de sus trabajadoras. Al margen de la presunción de inocencia que le protege, lo que roza lo grotesco es que quien acabe siendo víctima de una persecución mediática y pública sea la denunciante de un delito como lo es el acoso sexual en el ámbito laboral.

Una verdadera cacería de brujas que habla más de la sociedad en la que esta se circunscribe que del propio (y supuesto, ojo) delincuente.

Según el Ministerio del Trabajo, en Colombia se registran entre 1.000 y 2.000 denuncias de acoso laboral al año. El Grupo de Equidad Laboral de esta cartera reveló a finales de 2014 que al menos el 13% de los colombianos ha experimentado acoso sexual en su lugar de trabajo, una situación que la directora del grupo definió como “muy común”. En otras palabras, el caso de Cristancho no es aislado.

Fuentes del Ministerio reconocieron en ese momento a medios como El Tiempo y Semana que la impunidad en estos casos es constante, aunque desde 2008 el acoso está tipificado como delito, con penas de uno a tres años de prisión. También hablaron de un “subregistro importante”. Y es que las víctimas, en su mayoría mujeres, no denuncian por miedo a perder su trabajo o recibir represalias.

El debate va más allá del caso puntual de Astrid Helena Cristancho que no deja de ser la punta del iceberg de un problema estructural llamado ‘machismo’. Lo que cabría cuestionarse ahora, dada la coyuntura, es qué se espera de una sociedad que está dispuesta a dinamitar a una supuesta víctima, pero no a cuestionarse el comportamiento inapropiado y delictivo de un supuesto acosador. Más ahora cuando el país está inmerso en un proceso de construcción de paz, reconciliación y justicia.

¡Hoy nos vamos de shopping por las calles más lujosas del mundo!

La Quinta Avenida en Nueva York, Montenapoleone en Milán o el Triangle d’Or en París, son conocidas como las calles más exclusivas para ir de compras. Podrás encontrar cientos de tiendas con los últimos diseños de las firmas de moda más famosas del mundo. Además, su arquitectura, historia y riqueza las hacen lugares turísticos, donde se mezcla la moda, la fotografía y el estilo.

1. La milla de oro española (Madrid)

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Desde la Puerta de Alcalá, en la plaza de la Independencia, hasta la plaza de la República de Ecuador, en el castizo barrio de Salamanca de Madrid, nos encontramos con la mejor zona comercial de España, o por lo menos, la de más categoría; es una calle de glamour, marcas y restaurantes exclusivos.

Christian Dior, Coco Chanel, Louis Vuitton Prada, Gucci, Cartier, Versace, Bvlgari, Armani, Hérmes, Dolce & Gabbana son algunas de las tiendas que podrás encontrar en el recorrido. Además, como si de un museo se tratara, la tienda de Cartier expone sus joyas de plata y diamantes bajo iluminaciones cuidadosamente colocadas. En el fondo, hay una sala exclusiva que guarda los “tesoros secretos” de la marca. El espacio es obra del arquitecto francés Bruno Moinard, a quien se debe también las principales boutiques de Cartier en París, Beverly Hills, Roma, Mónaco o Berlín.

2. Siete kilómetros de moda en Nueva York

La Quinta Avenida, en Nueva York, es todo un paraíso terrenal para los amantes del shopping; durante sus siete largos kilómetros puedes ver las firmas más exclusivas de alta costura, que se mezclan con los emblemáticos y arquitectónicos edificios como el Empire State Building, la Catedral de St. Patrick, el Rockefeller Center, o el Metropolitan.

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Los gurús de la moda como: Vuitton, Gucci, Ferragamo, Cartier, Bulgari o Escada compiten por tener el escaparate más impresionante, sobre todo en épocas navideñas. Además tendrás la oportunidad de entrar al mundo del Café  Ralph Lauren, todo un templo a esta semilla, con una bellísima decoración Vintage.

3. El epicentro del estilo (París)

París por sí solo es un epicentro de estilo por excelencia, está lleno de firmas de alta costura. Con aires de Cocó Chanel y sabor a Jean Paul Gaultier, París cuenta con un lugar de moda en cada lugar. Caminar por las Galeries Lafayette, puede resultar tan satisfactorio como acudir a tres de sus calles más importantes, en cuanto a firmas se refiere, el llamado ‘Triangle d’Or’ que acotan las avenidas Montaigne y George V.

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Las visitas obligadas a los museos de la talla del Petit y el Grand Palais pueden hacer única la experiencia de shopping.

4. El cuadrilátero más elegante (Milán)

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Milán es sinónimo de moda y diseño, pero aquí no solo encuentras una calle para comprar sino cuatro, ‘Il Quadrilatero d’Oro’ un lugar entre Della Spiga, Sant’Andrea, Manzoni y Montenapoleone.

Armani, Ferragamo, Dolce & Gabbana, Versace, Gucci, Prada, Valentino, Fratelli Rosseti, Cavalli, Moschino, La Perla, Louis Vuitton, Chanel, Etro, unen todo su glamour en cuatro calles que te cautivarán. Inclusive su arquitectura es icónica porque hasta los hoteles y restaurantes de la calle son propiedad de diseñadores de alta costura;  El Gucci de la Galería Vittorio Emanuele II o el Emporio Armani Caffè de su concept-store de vía Croce Rossa son algunos de los ejemplos junto a los hoteles de Bulgari, Maison Moschino o Armani.

5. Como ‘Pretty Woman’ (Los Ángeles)

¿Quién no se muere de las ganas al pensar en irse de shopping por las calles del Rodeo Drive?

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¡Este sin duda es el sueño de cualquier amante de la alta costura! Beverly Hills en Los Ángeles reúne todo lo que un gurú puede desear, con un estilo cinematográfico, encontramos las tiendas más codiciadas, como Prada, Valentino, Ferragamo, Gucci, Vuitton, Dior, YSL, Bulgari, Chanel, Versace, Jimmy Choo, Dolce & Gabbana, Hermès, Armani, Tom Ford… y algunas un poco más accesibles como Lacoste, Ralph Lauren o Guess.

Tenemos el mundo a nuestros pies, nuestro armario espera a ser un escaparate de gusto, estilo y glamour, así que, ¿qué esperas para viajar a tu próximo destino?

Por: Dey Parra Gómez
@Magenta_couture

 

Test: ¿Quién es tu gemela de estilo en ‘el cuartel de las feas’?

Internet se enloqueció este último año con el HT #SquadGoals, para definir ese perfecto grupo de amigos que todos quisiéramos tener.

Una de las que más fue mencionada con este hastag fue Taylor Swift y su gran combo de amigas que incluye a Gigi Hadid, Selena Gómez, Cara Delevinge, Lorde y otras más.

Aunque es un buen grupo de amigas, no se compara con el cuartel de las feas de ‘Yo soy Betty la fea’. Eran leales, honestas, auténticas, divertidas y verdaderas confidentes. ¿Quién no quiere amigas así?

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Bitch please…

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Cada una de las chicas del cuartel tenía una personalidad muy definida. Mientras Sandra y Sofía eran más efusivas y temperamentales, Betty era más tranquila e introvertida, Aura María era más sexy, Bertha era la que llevava los chistes (y chismes) al cuartel, Mariana era la vidente del grupo, e Inesita era la voz de la razón.

En varios capítulos de la novela, Bertha imita los vestidos de Patricia para burlarse de ella.

 

Así como sus personalidades, sus estilos eran muy definidos: Aura María se inclinaba por prendas muy sexys y reveladoras. Mariana tenía un estilo más bohemio, Betty e Inesita eran un poco más tradicionales, Bertha solía usar vestidos de un solo color, y y Sofía se inclinaban por estilos más profesionales.

¿Cuál es la que más se parece a ti en términos de estilo? La respuesta en este test.

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Más sobre la moda en ‘Yo soy Betty, la fea’ aquí.

Mujer antes que madre

España es un hervidero desde que una de las diputadas del recién constituido Congreso apareció en la sesión inaugural acompañada de su hijo de algo más de cinco meses. Diego, como se llama el crío, se convirtió en el gran protagonista de la cita y en el bebé más famoso del país, dejando el tema político aparcado

Las redes sociales no tardaron en hacerse eco de este hecho insólito, que sólo se había producido con anterioridad en 1991. Pero, más allá del shock inicial que se suscitó, el debate se centra ahora en la pertinencia de la decisión de Carolina Bescansa, diputada por el partido Podemos (izquierda), de llevar al pequeño al hemiciclo.

No es que Bescansa no tuviera otra opción. La Cámara baja española cuenta con una guardería de pago (30 euros el día; casi 110.000 pesos colombianos) instaurada en 2006, con 45 plazas habilitadas y un servicio de urgencias. Por si no fuera poco, y según fuentes, la politóloga y socióloga acudió al Congreso en compañía de una niñera con la que perfectamente podría haber dejado al niño mientras ella asistía a la sesión constitutiva.

Lo que buscaba con este gesto, según se ha dicho, es alertar sobre las dificultades que se les presenta a las madres para conciliar la vida familiar con la laboral. Algo que no sucede sólo en España.

Colombia no es ajena a esta realidad. La diferencia es que la mayoría de madres trabajadoras, ya sean españolas o colombianas, no tienen los recursos de Bescansa para costearse una niñera. Mucho menos las facilidades para poder dejar a sus hijos en una guardería ubicada en su mismo centro de trabajo.

Solidaridad con el resto de madres hubiera sido hacer uso de esas ventajas y, paralelamente, reivindicar durante su intervención la necesidad de que se favorezca una verdadera conciliación laboral y familiar, para que aquellas mujeres que decidan tener un hijo puedan ser, además de madres, trabajadoras eficientes. Grandes profesionales que no deban desatender sus responsabilidades laborales por tener un hijo.

La conciliación no es que la madre tenga que desarrollar su jornada laboral acompañada de su hijo una vez se incorpore de nuevo al mercado. Conciliar es que la madre pueda desempeñar sus diversas facetas en pleno ejercicio de sus derechos. Y ser una trabajadora, si es su decisión, es uno de estos roles.  De ahí la necesidad de exigir una política de Estado que brinde las garantías para ello: ampliación de licencia de maternidad y paternidad en igualdad de condiciones y guarderías en los centros de trabajo, por ejemplo.

Porque una madre debe ser mucho más que eso: una mujer que no desatiende el resto de sus obligaciones, ambiciones y sueños. Menos por la ineptitud de un estado y su incapacidad de brindar garantías y derechos.