Ahora sí vas a aprender a leer una etiqueta nutricional

A ver, seamos honestas. Leer la tabla nutricional y los porcentajes de vitaminas e ingredientes de un producto alimenticio no es tan fácil. Al contrario: a veces la información puede resultar tan confusa, que optamos por desistir de la costumbre de examinarla y terminamos ingiriendo cosas que no deberíamos. ¿Algunos ejemplos? Químicos dañinos, calorías de más y azúcar insospechada. Aquí te ayudo a develar los misterios de la información nutricional para que aprendas, de ahora en adelante, a ser más asertiva y a elegir con inteligencia lo que comes.

Primero lo primero: el tamaño de la porción Es lo más importante porque aquí es donde puedes ver exactamente cuántas porciones hay en el paquete y de qué tamaño, es decir, a cuántos gramos o mililitros equivale cada una. Ten en cuenta que, toda la información nutricional de la tabla corresponde a UNA sola porción y que, por lo general, los empaques de alimentos y/o bebidas contienen más de una.

Calorías y más calorías: aunque no es saludable obsesionarse con la matemática de lo que comes, sí es clave que aprendas a identificar cuánta energía estás consumiendo, basándote en el tamaño de la porción, que ha sido ya previamente identificado. Esto puede ser útil si estás en déficit o pérdida de grasa. No obstante, recuerda: lo importante es la calidad del producto (es decir, su densidad nutricional), y NO su cantidad de calorías.

Porcentaje correspondiente al valor diario: con este puedes identificar cómo los nutrientes contenidos en una porción de alimento influyen o aportan en tu dieta. Estos valores (%VD) están fundamentados en dietas de 2.000 calorías por día, pero nunca debes olvidar que cada persona tiene requerimientos energéticos particulares que pueden ser menores o mayores dependiendo de su nivel de actividad física, edad y sexo, entre otros factores.

¡Come menos! Las grasas ‒especialmente las trans y las saturadas‒, el colesterol, el sodio, los carbohidratos (simples, es decir, con poco o nada de fibra), y los azúcares son esa ‘partecita’ de la etiqueta que debería escudriñarse con más detalle. Entre menos gramos de cada uno haya, mejor.

Nutrientes aprobados: todo lo que sea fibra, proteínas y vitaminas y minerales (A, C, K, calcio, potasio, etc) es más que bienvenido en una dieta balanceada. Entre mayor cantidad de dichos componentes haya en un alimento, podrás garantizar que estás haciendo una elección inteligente, en pro de tu salud.

5 tips infalibles

• ¡Cuidado! Procura no consumir productos que por porción tengan más de 5 gramos de azúcar. La grasa tampoco debería ser superior a esta cantidad (ni mucho menos si aquí se incluyen las saturadas y/o trans, las más peligrosas).

• Opta por aquellos alimentos que tengan más de 4 gramos de fibra.

• Entre más proteína contenga un producto, mejor. ¿Referencias? Lo ideal es entre 10 y 20 gramos, y mínimo, 5 gramos.

• Ojo con el sodio. Dependiendo de tus objetivos y condiciones de salud, podría ser prudente controlar su ingesta diaria, ya que puede contribuir a la retención de líquidos y al empeoramiento de otras enfermedades.

• Si tiene más de cinco o seis ingredientes, para muchos ya no es considerado ‘saludable’. Si te parece muy extremo, por lo menos sé fiel a este consejo: lo que sea impronunciable en la lista de ingredientes, no lo comas. Hazte la pregunta: si no eres capaz ni de deletrear ese ingrediente, ¿tu cuerpo acaso podrá reconocerlo y metabolizarlo?

Regla de oro

En la lista de ingredientes se debe mencionar cada uno en orden proporcional a la cantidad del mismo que está contenida en el alimento, por ende, evita los que en los tres primeros sean azúcar, jarabe de maíz alto en fructosa y/o harina refinada.

*Este artículo fue publicado en la edición 11 de la revista Fit de Bodytech, uno de los proyectos editoriales que coordino en Publicaciones Semana.

*Fuente: U.S Food and Drug Administration (FDA).

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La criticadera mata

Ya iba siendo hora de poner algunos puntos sobre las íes y qué mejor momento que este, en el que estoy reinventando mi vida. Entiendo que cada quien es libre de hacer y decir lo que le venga en gana, pero algunos se pasan, ya sea porque lo que dicen lo hacen con maldad o lo que hacen lo hacen por agredir a otros. A todos esos que solo pretenden hacer daño con sus críticas y forma de ser les dedico este artículo.

Comencemos con un tema reciente acerca del caso de los ataques terroristas en París, particularmente estuve muy dolido por lo que pasó en una ciudad tan bella, pero más allá de ello, estoy consternado por la forma tan salvaje en la que ocurrieron los hechos y todos los inocentes que murieron, no es justo con ellos ni con nadie.

El caso es que todos aquellos que nos conmovimos con el tema y comenzamos a unirnos al apoyo y acompañamiento aunque sea desde la distancia hicimos algo por mostrar nuestra tristeza y apoyo a las víctimas, ya sea en casa o redes sociales, como sea estamos en todo el derecho de hacer lo que se nos venga en nuestros espacios, con tal de que no estemos haciendo daño ni maltratando a otros seres humanos.

El caso es que un grupo de mamertos comenzó a expresar que quienes estábamos apoyando a las víctimas de los ataques en París éramos más o menos unos indolentes hipócritas porque nunca hacíamos lo mismo con lo que pasaba en nuestro país ni en otros como Siria, fue así como viles cobardes comenzaron a criticar y disparar cualquier cantidad de insultos por aquellos que hicimos público nuestro apoyo.

Y es que en eso se ha convertido nuestro país con las redes sociales, no sé qué tanto ocurrirá este mismo fenómeno en otros lados, pero en Colombia está llegando a la degradación total. Gente que se burla de los demás por su apariencia o simplemente porque no comparten sus mismos gustos o formas de pensar, personas miopes para quienes solo vale su propia verdad y creen que sus vidas son menos miserables al criticar a los demás.

Nos convertimos en una sociedad a la que no le importan las demás personas, una sociedad egoísta que le encanta señalar la paja en el ojo ajeno y se olvida de mirar las grandes tormentas que cada uno lleva en su interior. ¿Será que las personas se creen menos imbéciles cuando insultan a otros por sus preferencias sexuales, color de piel o formas de pensar? Seguramente se creen grandes, pero lo único que terminan siendo son grandes idiotas.

Y es que ya me mamé de ver tantos personajes que se esconden tras un perfil falso en Twitter, Facebook o Instagram para apuñalar a punta de violencia con sus mensajes a los demás, que se sienten gigantes por andar señalando a cada quien por lo que hace y deja de hacer en lugar de darse cuenta que son una partida de parásitos que ni siquiera viven tranquilos por estar pendientes y sufriendo por los demás.

Aquí no se trata de apoyar las víctimas de uno u otro país, de indignarse con el conflicto que hay en Francia, Colombia o Siria, aquí lo que realmente importa es que cada quien es libre de sentirse conmovido con lo que su corazón le dicta y no con lo que le impone un grupo de personas que nada tiene que ver en su vida, que ni siquiera le dan de comer como para andarles debiendo favores.

Si usted es de los que anda criticando en sus redes sociales o la vida diaria a los demás por qué mejor no hace un alto en el camino y comienza a mirar para dentro, tal vez encuentre que toda esa rabia e impotencia contenida que suelta en los mensajes que escribe a personas, que seguramente ni conoce, simplemente son señales de que la tormenta que lleva en el interior es tan asquerosa y vasta que seguramente por ello es que quiere dañar a los demás en lugar de sanarse a sí mismo.

Si usted es víctima de estos agresores que solo buscan llamar la atención y sentirse un poco menos imbéciles de lo que ya son entonces lo invito a que siga apoyando sus causas de corazón, porque nada hace más grande al ser humano que moverse en pro de la gente y las causas que lo necesitan. A veces creemos que un simple post en una red social o una frase de aliento no hacen la diferencia, pero no se imaginan el poder que tienen de cambiar la vida de los demás.

Por último, a todos aquellos que quieren llamar la atención y seguramente me atacarán por lo que escribo en este artículo les deseo que en algún momento de sus vidas se den cuenta del daño que se están haciendo a sí mismos, llenándose de veneno y rencor por una persona que ni conocen, haciendo con los demás lo que seguramente alguien ha hecho con ustedes al no tener piedad.

Ojalá algún día todos caigamos en cuenta de que vinimos a este planeta para ayudar a los demás y no para dañar, matar ni burlarse de la gente, ese día acabarán las guerras sin sentido y los odios sin razón.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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El derecho que nos quedaron debiendo.

 

Los argumentos de quienes se oponen a la despenalización del aborto van desde la prevalencia de los derechos de un bebé, hasta la supuesta alcahuetería del Estado frente a la irresponsabilidad de las mujeres. Me han dicho que legalizar esta conducta es acolitar las pésimas decisiones que las mujeres (principalmente) y los hombres han tomado frente a su sexualidad. También me han dicho que el bebé no tiene la culpa de ser un embarazo no planeado. Pero la discusión de fondo no es si el no nacido tiene la culpa o no, o si sus futuros padres son unos irresponsables. El debate que realmente se tiene que dar es qué derechos se están violando al penalizar el aborto y cómo la sociedad ha justificado esto. A continuación  una serie de mentiras que nos han echado la vida entera para no garantizarnos un derecho que nos merecemos. 

Mentira número uno: la creación de leyes y su interpretación es neutral, no está sesgada. Que existan normas como el artículo 122 del Código Penal, que es aquél por el que se da esta discusión, evidencia la existencia de una sociedad patriarcal. Es un error ignorar que en la construcción de leyes las ideologías juegan un papel vital. Tanto las personas que hacen las normas (en Colombia el Congreso) como quienes las interpretan y aplican, es decir, los jueces, guían este proceso bajo una ideología. Duncan Kennedy, un teórico jurista, ha escrito acerca de la presencia de las ideologías en la creación de normas, y cómo el derecho termina siendo una lucha política. En ocasiones esta conducta es inconciente, mas no menos real. La ideología detrás de la penalización del aborto es patriarcal. ¿Por qué? El género es un sistema político que condiciona ciertas relaciones de poder en las que un grupo es subordinado: las mujeres. A nosotras se nos discrimina por el simple hecho de ser mujeres, y esto se evidencia cuando a través de las leyes se perpetúa esta condición y como resultado se nos niegan derechos que deberíamos tener, como el del aborto. No malinterpreten mi argumento. Yo no estoy diciendo que cada una de las leyes de este país son patriarcales, sino que detrás de cada norma hay una carga ideológica. Que algunas de las leyes tengan una carga ideológica patriarcal es la discusión que quiero dar acá. ¿Por qué las posiciones morales de quienes se oponen al aborto, de aquellos que hicieron las leyes, deben limitarnos a las mujeres? ¿Por qué su posición tiene que inmiscuirse en nuestra intimidad? 

Mentira número dos: los hombres y las mujeres somos iguales y por tanto, merecemos el mismo trato. Si bien el movimiento feminista lucha porque a las mujeres se nos considere de la misma manera que a los hombres, cabe hacer una aclaración. No hay que confundirse: hombres y mujeres somos distintos, pero esta diferencia no implica que se nos discrimine negativamente a nosotras; el género no puede ser motivo de marginalización. Una sociedad perpetúa la desigualdad de género cuando les da exactamente los mismos derechos a los hombres y a las mujeres, bajo el argumento de que somos iguales. Catharine MacKinnon, abogada feminista, afirma que ignorar las problemáticas de género y asumir que las condiciones de los hombres por razón de género cobijan también a las mujeres es creer, erróneamente, que no hay desigualdad de sexos. A un hombre no se le puede garantizar su derecho a abortar porque no puede quedar embarazado. ¿Por qué extender esta misma consideración a las mujeres, quienes por naturaleza sí pueden dar a luz? La penalización del aborto viola el derecho de igualdad de las mujeres al ponerlas en un escalafón inferior frente a los hombres, en la medida que a éstos se les garantizan más derechos. Asimismo, negar este derecho va en contra del derecho a la reproducción, a la libre expresión y a la salud de las mujeres. Si nosotras no decidimos cuándo tener un hijo o no, no somos dueñas de nuestro cuerpo.

Mentira número tres: la vida del no nacido vale más que los derechos de una mujer. ¿Tienen más peso los derechos de un feto o los de una persona? La respuesta tiene un tono agridulce: un feto no tiene derechos. ¿Crudo? Sí. Para ser sujeto de derechos se requiere ser considerado persona, calidad que según nuestro Código Civil se otorga desde el momento en el que uno se separa de su madre (art. 90, Código Civil). El nasciturus, es decir, el feto, no se enmarca dentro de esta calificación, por lo que no puede ejercer algo que por su condición no tiene. Pero no crean, la posición del Estado no es tan extrema. El no nacido tiene protección (art. 91, Código Civil), que es una cosa bien distinta a tener derechos. ¿De cuándo acá tener protección es sinónimo de gozar plenamente de un derecho? El argumento de que se debe proteger la vida del no nacido (por encima de los derechos de la mujer) es refutable porque su condición, por mal que suene no es equiparable a la de la mujer. Una cosa es que las leyes protejan la vida de un mero proyecto persona, y otra muy distinta es que garanticen el efectivo goce del derecho a la vida de una persona. Ah, y una cosa más. Si tanto se quiere proteger la vida de este futuro bebé, debería estar claro que la vida es defendible, por supuesto, pero no cualquier vida. Un bebé tiene derecho a nacer, pero en condiciones dignas y con un mínimo nivel de vida garantizada. ¿Para qué aumentar el número de personas que viven en la pobreza en este país o que, simplemente no fueron deseadas?

Mentira número cuatro: legalizar el aborto aumentará el número de procedimientos que se realicen en el país: Una cosa es cierta: las mujeres abortan, sea legal o no. No es verdad que despenalizar el aborto significa que las mujeres van a tener relaciones sexuales sin protección y van a abortar como locas. Pero si fuera el caso, la solución a esto no es reprimir una conducta, sino que se debe enseñar que el aborto no es la primera, sino la última opción. Que yo defienda el aborto no quiere decir que me voy a dejar embarazar porque pues ¿qué carajos?, si puedo abortar. No voy a coger de plan de viernes ir a abortar. No, las cosas no son así. En caso de que algo saliera mal y tuviera un embarazo no deseado, me gustaría tener  posibilidad de considerarlo y decir “no quiero ser madre”. La cosa es que en este momento ni siquiera existe esta posibilidad. Como dice Florence Thomas: no es ser proaborto, sino prochoice. 

Les  boto un dato: hace unos años, el instituto Guttmacher realizó un estudio sobre el número de abortos clandestinos en el país. En el año 2013 se registraron 911.897 embarazos no planeados, de los cuales de 400.412 abortos, tan sólo 3.400 fueron legales. Casi la mitad de las mujeres que quedaron embarazadas abortaron. Asimismo, debido a la falta de información de quienes deciden auto inducirse un aborto, las complicaciones de este procedimiento aumentan, y en muchos casos el resultado es una hemorragia vaginal. Despenalizar el aborto no aumentará el número de procedimientos que se efectúan al año en el país, sólo va a legalizar una conducta que en este momento se está realizando clandestinamente y que es la causa principal de muerte materna. Si se legaliza el aborto no sólo se elimina una norma ineficaz, sino que se protege el derecho a la vida y a la salud de las mujeres al minimizar este número de muertes.

La penalización del aborto es una discusión jurídica, pero además social y moral. Social y moral no porque se lesionen algunas posturas y se hieran susceptibilidades, sino porque la creación de normas como esta tiene un tinte ideológico, que va desde la esfera moral hasta la social: este problema radica tanto en la posición de quienes creen que abortar está mal, que es pecado, como en la materialización de dicha postura en las leyes. Que la Fiscalía esté considerando darle el sí a la legalización total del aborto es un gran paso para que de una vez por todas nos den ese derecho que nos quedaron debiendo.

@lautomar


McKinnon, Catharine, Hacia una Teoría Feminista del Estado, Madrid: Ediciones Cátedra, 1989, pp. 277-304 y 427-446.

Duncan Kennedy, A Ciritique of Adjudication, Cambridge, Harvard University Press, 1997, pp. 133-212.

Prada, E; Singh, S; Remez¸ L; Villarreal, C. Embarazo no deseado y aborto inducido en Colombia: causas y consecuencias. Disponible en https://www.guttmacher.org/pubs/Embarazo-no-deseado-Colombia.pdf

Qué pereza la gente fantoche

Todos en la vida nos hemos cruzado con algún personaje que ha tenido ciertas ínfulas de grandeza podrida, se la pasan presumiendo de todo lo que no tienen y jamás llegarán a tener por andar pregonando a los cuatro vientos lo supuestamente exitosos y bendecidos que son, cuando realmente por dentro andan podridos de tantas mentiras que le dicen a los demás y que al final hasta se terminan creyendo ellos mismos.

Para nadie es un secreto que hoy en día con el tema de las redes sociales los fantoches se han multiplicado como nunca antes, ahora se la pasan haciendo alarde de un sinfín de pertenencias, amistades y aspectos físicos que ni siquiera les pertenecen.

Hoy en día se la pasan fantochando con cuestiones tan ridículas como el número de Likes que reciben en las fotos o peor aún con el número de seguidores que tienen en Twitter o Instagram, puras pendejadas que no le interesan a nadie y que terminan mostrando lo vacías que son las personas que hacen alarde de ello.

Y es que hoy en día pareciera que muchos están en una carrera por demostrar que son más, que tienen más, que viajan más que los demás, hasta llegan a ser tan ridículos que entran en una competencia por ver quién tiene el abdomen más marcado o los pectorales más grandes. Es como si les hubieran hecho una lobotomía para extirparles la parte del cerebro encargada del sentido común y los valores humanos.

Pareciera que hoy las personas valieran más por salir bien en la selfie que montaron en Instagram que por sus labores al servicio de la humanidad, ya no valen la honestidad ni la sinceridad porque lo que realmente vale son lo retoques que se le hacen a las fotos para que todos crean que tienen el cuerpo perfecto.

Lo triste es ver cómo las nuevas generaciones se van dejando llevar cada vez más y más de ese pensamiento de la carrera consumista, en el que no vale lo que uno piensa ni lo que uno es, sino lo que más vende y da de qué hablar.

Pero todo esto tiene una razón de ser, el ser humano cada día se interesa más en ser el mejor y se interesa menos por sentirse bien consigo mismo, porque deja su autoestima y sus raíces en el olvido con tal de encajar en una sociedad que lo único que le brinda es una cara hipócrita y le patea el trasero cuando deja de ser “cool” o deja de tener lo que decía tener.

Y es por esto que cada vez más personas tienden a desaparecer como seres humanos y terminan siendo productos de uso y desecho, porque aprenden a venderse muy bien con una imagen de físico perfecto, trabajo perfecto, pareja perfecta y vida… bueno, una vida hecha mierda.

Claro que es respetable que cada quien se muestre como le da la bendita y regalada gana, lo triste es que estas personas terminan siendo presas de sus egos y falta de principios, porque con su ley del todo vale terminan padeciendo el desastre perder su identidad por haber querido encajar en donde tal vez nunca quisieron/debieron encajar.

Porque la presión de la familia, los amigos y la sociedad termina siendo tan fuerte que las personas se convierten en piezas hechas a la medida para encajar, porque eso es lo único que les importa, no importa para nada el ser diferente y querer no parecerse al ídolo juvenil del momento, aunque también es lo más fácil, siempre será más fácil copiar lo de otros que tener la creatividad suficiente para resaltar como un persona que se caracterice por ser diferente.

Pero esta carrera por mostrar vidas perfectas y seres humanos esculpidos en el mismo Olimpo termina cayéndose por su propio peso, porque las mentiras no duran para siempre y tarde o temprano cada quien se cansa de aparentar lo que no es y pensar como no quiere, porque en últimas todos tenemos algo que nos diferencia del resto de la humanidad, y eso es lo que no hace valiosos para este mundo.

Una de las características más valiosas en un ser humano es la humildad, pero más valioso cuando se está en la cima y se tiene todo, porque es allí donde se demuestra la grandeza del hombre.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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